Berta Güell, Investigadora post-doctoral en el CER-Migraciones


En la última década la ciudad de Barcelona ha sido testigo de una serie de transformaciones en el paisaje comercial urbano, fruto de la expansión de establecimientos regentados por población migrada que se integran con el comercio "de toda la vida" gestionado por la población local. El colectivo paquistaní ha sido especialmente protagonista de estas transformaciones y ha encabezado la apertura de negocios que se sitúan en diferentes nichos de mercado. Mientras que algunos ocupan puestos vacantes generados por los comerciantes locales debido a la falta de relevo generacional (como es el caso de las tiendas de alimentación), otros lo hacen en nichos de mercado innovadores, propios de la evolución de las sociedades post-industriales (como por ejemplo las tiendas de móviles), y otros en nichos más dirigidos a una clientela coétnica o de origen inmigrante (como las agencias de viaje o los locutorios).

Esta expansión, sin embargo, se ha producido en un contexto de crisis económica, donde muchos comerciantes locales han experimentado graves dificultades financieras y han tenido que bajar la persiana. Como se explica que el colectivo paquistaní haya conseguido mantener y expandir su actividad comercial? ¿Cuáles son las claves que permiten entender esta realidad? No son pocos los rumores que han surgido fruto del desconocimiento de las estrategias y los comportamientos adoptados por este grupo. Lejos de querer esencializar este fenómeno como un rasgo único del colectivo paquistaní, hay que indagar cómo las características individuales y colectivas de este grupo se relacionan con aquellos elementos que tienen que ver con el contexto de la sociedad de destino[1].

La ciudad de Barcelona cuenta con una serie de factores a nivel económico, político y social que promueven la emergencia de negocios de origen inmigrante. El hecho de que el Ayuntamiento se posicione dentro del paradigma de la interculturalidad y diseñe iniciativas para la normalización del comercio diverso, ofrece un clima de tolerancia y apoyo a medidas que incentivan la cohesión social a través del comercio. El Tercer Sector también ha dinamizado el tejido comercial de los barrios y ha impulsado la creación de asociaciones de comerciantes interculturales, sobre todo en el barrio del Raval. Los sectores económicos donde se han insertado los negocios paquistaníes tampoco suelen competir demasiado con los de la población local y se ubican en un estrato socioeconómico bajo, lo que facilita la ausencia de grandes tensiones con los comerciantes locales. Por otra parte, la creciente proyección internacional de la ciudad, la diversidad cultural, así como el auge del turismo, suponen un activo económico que también ofrece oportunidades para aquellos emprendedores que tienen más facilidad de crédito y están dispuestos a trabajar más horas a cambio de unos beneficios a menudo más reducidos, como es el caso de muchos paquistaníes.

Estas dinámicas locales al mismo tiempo se imbrican en dinámicas globales, tales como la competición de ciudades cosmopolitas para ubicarse en una mejor posición a nivel internacional y atraer capital extranjero, cambios en las pautas de consumo, o el asentamiento de grupos étnicos que conforman comunidades empresariales diaspóricas. Así, la amplia circulación de recursos (información, capital financiero y mano de obra) dentro de las redes de la comunidad en clave transnacional supone un rasgo distintivo del colectivo paquistaní y una ventaja comparativa respecto a otros grupos. Los valores de ayuda mutua y solidaridad intraétnica rigen las relaciones sociales, culturales y económicas de la comunidad (organizada en familias extensas) y facilitan la apertura de comercios. La fuerte llegada de connacionales, coincidiendo con el contexto de crisis, también ha permitido disponer de mano de obra a bajo coste con una necesidad imperante de regularizar su situación administrativa y encontrar trabajo en un mercado laboral general segmentado y con lógicas excluyentes para razones étnicas. Las relaciones de reciprocidad entre los miembros del colectivo, aunque no ausentes de tensiones, impulsan la cesión de créditos sin intereses y con unas condiciones de devolución mucho más flexibles que las de las entidades bancarias; hecho que comparten con otros colectivos asiáticos[2]. Asimismo, las formas de cooperación en clave étnica para realizar los trámites para abrir una empresa (licencias, local, contactos de proveedores, etc.) permiten superar los obstáculos de la normativa en un contexto regido por fuertes barreras lingüísticas y culturales.

En este escenario, por tanto, el colectivo paquistaní ha demostrado ser resiliente y capaz de buscar alternativas para generar ingresos y sostener económicamente las familias tanto en origen como en destino; además de crear puestos de trabajo y contribuir al desarrollo económico de la sociedad de recepción.

 

 

[1] Este artículo deriva de un estudio científico realizado en el marco de una tesis doctoral sobre el empresariado paquistaní en la ciudad de Barcelona finalizado en septiembre de 2017. Para un mayor interés, pueden encontrar algunas publicaciones sobre el tema en: https://uab.academia.edu/BertaGüell 

[2] Vean por ejemplo: Beltrán, Joaquín. 2007. “El empresariado como modo de vida. El caso de los inmigrantes chinos”. En Beltrán, Joaquín, Laura Oso y Natalia Ribas (Coord.) Empresariado étnico en España. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y Fundació CIDOB, 231-248.