Marta Pérez, licenciada en Economía, Máster en Relaciones Internacionales y Postgrado en Migraciones Contemporáneas. El mes de agosto de 2017 colaboró con el centro de acogida Welcommon en el marco del proyecto socioeducativo y de apoyo emocional XEFLIS de la Fundació ACSAR para personas refugiadas y solicitantes de asilo. Este post es fruto de dicha experiencia.


«La razón podría sustituir a la autoridad en la gestión de los asuntos humanos» - Zenón de Citio,

Fui a Grecia porque no podía dejar de hacerlo. Y ya llegaba tarde.

Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los refugiados en Grecia es la incertidumbre (o la desinformación) y la espera. ¿La causa? Los estados de la Unión Europea no han cumplido ni cumplen con sus compromisos de reubicación. El pasado 26 de septiembre terminó el plazo de dos años para acoger a más de 180.000 personas a través de los programas de reubicación y reasentamiento. La UE apenas ha logrado trasladar a una de cada cuatro personas de las que se comprometió. El sistema de acogida heleno está colapsado y las personas necesitadas de protección internacional continúan sin alcanzarla.

Las necesidades prioritarias de los entre 50.000 y 60.000 refugiados atrapados en Grecia ya no son de orden asistencial básico[i]. La mayoría de aquellas personas que llegaron a la península hace un año y que siguen llegando no podrán continuar su «viaje», podría ser que se quedaran bloqueados allí indefinidamente o en la mejor de las circunstancias deberán quedarse en Grecia al menos 5 años si obtienen el estatuto de refugiados antes de poder viajar a otro Estado europeo; en el peor de los casos saldrán de la Unión para probar suerte de nuevo más tarde en otro Estado miembro[ii]. Ante este panorama, el reto para el gobierno griego las ONG internacionales y las entidades del tercer sector, es implementar políticas y programas de integración y de gestión de la diversidad. Y en esta línea iban los objetivos del proyecto XEFLIS, en acompañar y empoderar a los 180 refugiados del Centro.

Vulnerabilidad en el Welcommon

La convivencia no es sencilla en un Centro como este. Por un lado, son muchos las y los refugiados y solicitantes de asilo que experimentan estrés postraumático. Además, el Centro no ofrece unas buenas condiciones de alojamiento y alimentación. Por último, éste alberga más de una decena de nacionalidades distintas. Lo que antes era un centro casi exclusivo para sirios se ha convertido en una babel de idiomas y culturas. Y esto también dificulta la labor de los trabajadores del Welcommon, sus caras sonrientes y su mirada exhausta ejemplifican perfectamente el reto que a su decidida voluntad plantea una realidad extraordinariamente compleja.  

El Centro está pensado para ofrecer una asistencia integral a aquellos que más lo necesitan. Sin embargo, la aparente ventaja que supone disponer de enfermería, asistencia social o clases de idiomas en un mismo edificio no alcanza a compensar el anhelo de libertad e independencia, el acceso a una vivienda, a unas llaves, a una rutina elegida individualmente. Estaban allí porque no tenían otra opción –ACNUR no les había considerado elegibles para asignarles un piso.

El centro. Un antiguo geriátrico con luces de quirófano que no conseguían alumbrar del todo, ni tampoco dar un poco de vida. Con un aire tóxico, un olor a petróleo. Un lugar gris, muy gris. Pintar murales, traer música, bailar, reír. Cualquier cosa que pudiera hacer olvidar la realidad del edificio:

Madres solas, bebés que no logran alcanzar los 19 días de vida, cárcel (y torturas), heridas de armas de fuego, enfermos crónicos (menores también), mujeres embarazadas, familias separadas, intentos de suicidio. Persecuciones y guerra. Y a pesar de esto, los estados de la UE no han tenido en cuenta el principio de priorización de la protección a colectivos vulnerables[iii] a la hora de reubicarlos. Son muchos los que siguen allí tras meses de espera.

Niñas y niños... Quizá tenían más «recursos» para volver a empezar o abstraerse de la realidad, pero muchos llevan años fuera de casa, incluso algunos no habían ido nunca a la escuela. Faltaban referentes, límites, pautas saludables. Los menos niños eran adultos de facto. Todos deberían estar escolarizados, pero ese no era siempre el caso. Se supone que todos los padres deberían permitir y exigir esto. Deberían estar en condiciones de hacerlo, pero tampoco era el caso.

Y también las mujeres, y el colectivo LGTB, invisibilizado todavía al llegar a Europa. Desprotegidas, solas sin estar solas. ¿Quién dijo que la vida en la ciudad fuera distinta a la de los campos? La perspectiva de género brillaba por su ausencia, en el Centro también. Con todo lo que tenemos, no estamos para esas cosas…

Atrapadas en el presente

Las personas refugiadas no quieren quedarse en Grecia. Esta es, piensan, una parada en su largo «viaje». Se sienten atrapadas, paralizadas. Consecuencia del entramado legal y poco solidario de las leyes europeas. En sus propias palabras, consideran al país como una cárcel. 

Pensemos de dónde vienen, cómo han llegado y lo que les ha costado, no sólo en términos económicos. Quedarse en Grecia es, para algunos, rendirse, apostar lo mínimo. Perder. Un alumno de las clases de inglés, Freghzi, desapareció y a la semana enviaba saludos desde Alemania. Había hablado mucho, de fronteras, de estatutos, de su Eritrea natal. Era de los pocos motivados, con ganas. Esta vitalidad venía de su plan de continuar el «viaje» hacia el Norte.

Más allá del reto de la integración

Los que se quedan, han de asumir eso, que se quedan, que han llegado a destino y han de volver a empezar. Tengan o no familiares en otros países europeos, han de integrarse en Grecia. Estar con una solicitante de asilo momentos después de que su abogado le comunique que no irá a Alemania (pero que tiene fecha para la entrevista de asilo con el gobierno griego) es difícil. Y contradictorio. «Me vuelvo a Siria» dijo Amal, madre viuda cuya hija padece una discapacidad.

Dejar de enfrentarse a la incertidumbre debería mejorar la salud mental de cualquiera, pero en el Centro reinaba un ambiente de negación de la realidad. De pesimismo y de rendición. La mayoría de personas no salían de sus habitaciones. Habían tocado fondo y ya no había que aparentar fortaleza, ni siquiera delante de sus hijos e hijas.   

Salud mental delicada, desconocimiento del idioma, formación y experiencia laboral de escaso valor (y no reconocida) en el país de acogida. Unas barreras a la integración que se dan de bruces con la inacción y unos recursos limitados impuestos por la crisis, con servicios públicos saturados y con una tasa de desempleo del 21,7%, la más alta de Europa[iv]. El contexto griego importa, y mucho. El país se sitúa en la cola de las políticas de integración europeas[v] con unas transposiciones de directivas de mínimos. Esa integración abstracta también se encuentra con una sociedad solidaria y agotada a partes iguales, luchadora y derrotista. Y con una extrema derecha que no lo pone fácil.

Exarchia

El barrio de Exarchia es el lugar donde terminan (y empiezan) casi todas las manifestaciones. También es el lugar donde empiezan (y terminan) los refugiados que llegan a Atenas. Es un foco revolucionario, y en consecuencia se encuentra cercado por patrullas antidisturbios. Pero también es un foco de narcotráfico y marginación. Los refugiados se han sumado a la ecuación. El cóctel parece explosivo. Como los que usan algunos grupos anarquistas los sábados – a los cuales la astinomia, policía en griego, responde con gases lacrimógenos.

Sin embargo, y entre esta amalgama de gentes, encontramos espacios autogestionados por voluntarios: centros de día como el Khora, u hoteles de cinco estrellas abandonados como el City Plaza – que ofrecen servicios y dan alojamiento a estos «huéspedes sin alternativas».  

Ellos y nosotros

El sistema europeo de control de fronteras, y la gestión misma de la inmigración ha creado la ilusión del «otro», dividiéndonos entre aquellos que tienen libertad de movimiento y aquellos que no la tienen. Los que tienen el derecho a tomar decisiones y los que no. Difuminar esa alteridad aunque sea unas semanas en el Welcommon y formar parte del «otros», – de los que están en contra del sistema actual de securitización y externalización de fronteras y un sistema de asilo tan restrictivo, resulta sin duda aleccionador.

Yo llegué a Welcommon pensando que el «terreno» complementaría mi estudio de los marcos normativos europeos en la materia, mi comprensión de los juegos de la geopolítica, que la proximidad me serviría para entender mejor la realidad. Volví entendiéndola menos. Aprendí, eso sí, la diferencia entre leer y escuchar. Leer y observar. Leer y convivir.


Contexto y magnitudes

La llamada «crisis» de refugiados, sólo comparable a la vivida en Europa durante la II Guerra Mundial, ha traído a casi 1, 8 millones de refugiados a Europa desde 2014. La Comisión Europea presentó su propuesta de reubicación en 2015 con los objetivos de dar una respuesta inmediata a lo que estaba sucediendo en Italia y Grecia e intentar componer un discurso compartido de solidaridad entre Estados miembros. Sin embargo, la reacción del Consejo (los Estados) fue la de establecer unas cuotas poco «ambiciosas»  (160.000 personas) y desiguales. Una vez expirado el plazo de este compromiso en septiembre de 2017, sólo el 18% de los solicitantes de protección han sido reubicados. Como apunte, en 2011, el TEDH condenó a Grecia por tratos inhumanos o degradantes por las condiciones de detención y por deficiencias en el procedimiento de asilo[vi].

Referencia académica

Zolberg (1989) afirmaba que las fronteras internacionales ayudan a mantener la desigualdad. Actualmente, estas fronteras serían las que exis­ten entre el Norte y el Sury, en este sentido, la «crisis» de refugiados puede entenderse como una crisis en las relaciones Norte-Sur, provocada por la brecha en el desarrollo y seguridad (Castles, 2003). Para Sassen (2015) también entra en juego la pérdida de hábitat (apropiaciones de tierras y cambio climático) como factor de estos desplazamientos. Pero, ¿cuál es el papel de la política (migratoria)?

Para Castles resulta necesario vincular la comprensión de los procesos migratorios y de los factores transnacionales con un análisis de la forma en que se lleva a cabo la formulación de las políticas. El fracaso de la UE podría explicarse en cierta medida por esto, ya que ante causas estructurales está respondiendo con medidas de emergencia y descoordinadas.

El análisis del fenómeno migratorio a través del paradigma de la biopolítica nos traslada a Foucault (1992) quien cuestionaba cómo un poder cuyo objetivo es hacer vivir y potenciar la vida, deja también a sus ciudadanos expuestos ante la muerte. La respuesta la encuentra en el racismo. Hoy, la crisis de valores y solidaridad que vive la UE encaja en esta contradicción. La securitización de las migraciones se articula dentro de lo que Foucault (2006) denominó tecnologías de la seguridad en el marco del régimen de gobierno neoliberal – entendida como una estrategia de las inseguridades que el propio neoliberalismo genera, de forma que la política migratoria se convierte en un instrumento de dicha gestión. Así mismo, la gubernamentalidad neoliberal emplea la técnicas del gobierno a distancia – una externalización del control de fronteras (involucrando a terceros países y a nuevos actores). Siguiendo la lógica Norte-Sur, para Castles son precisamente las políticas del Norte en materia de comercio o cooperación internacional las que están en el origen de estos desplazamientos – y que precisamente sus políticas migratorias persiguen controlar o frenar.

Podría afirmarse pues, que los refugiados son un efecto colateral de una lógica biopolítica que emplea la retórica securitaria (Bartolomé, 2014) y el mantenimiento del statu quo Norte-Sur.

Aspectos propositivos para la acción política.

La política migratoria va más allá de la política de control de fronteras. Necesitamos políticas proactivas: la reubicación fue una reacción de emergencia, temporal y ad hoc. Y está por ver si habrá consecuencias a su incumplimiento. Dublín IV[vii] contendrá un «mecanismo de equidad», que parece buscar más la sostenibilidad que un sistema equitativo. La propuesta no es alentadora[viii]: el nuevo reglamento significará más control, más retornos y más carga para los países fronterizos (Arenas, 2016). La externalización de fronteras y las políticas de «encampment» hacen que la rutas sean cada vez más peligrosas (Lagarde, 2016). La UE ha de regular y ofrecer vías de acceso seguras y legales, desincentivando la inmigración irregular y disminuyendo el riesgo en el acceso a Europa. Para ello es necesaria la colaboración con los países de origen y tránsito: pero una colaboración que no se limite a acuerdos de repatriación, y que fortalezca el diálogo y la cooperación. El foco debe ponerse también en las causas de estos desplazamientos: causas estructurales de desigualdad y conflicto.

 

[i] El gobierno griego y ACNUR han previsto de unos mínimos de subsistencia en los 45 centros de alojamiento que hay en todo el territorio y ha comenzado un programa de Reasentamiento en Áreas Urbanas

[ii] El Reglamento 604/2013 (Reglamento de Dublín) establece que un solicitante de asilo pendiente de la resolución o cuando ésta ha sido negativa, no podrá desplazarse a ningún otro estado miembro distinto a aquel que le ha examinado la solicitud (secondary movement). Para aquellos que obtienen el estatuto de refugiado, únicamente podrán cambiar de residencia pasados 5 años. Así lo establece la Directiva 2003/109/CE. Modificada por la Directiva 2011/51/EU con el fin de extender su ámbito de aplicación a los beneficiarios de protección internacional

[iii] Decisiones del Consejo 12098/1511131/15.

[v] MIPEX – Migrant Integration Policy Index, Greece (2014). http://www.mipex.eu/greece

[vi] Tribunal Europeo de Derechos Humanos – Sentencia de 21.01.2011 (Gran Sala), M.S.S. c. Belgica y Grecia, 30696/09. Recuperado de:  http://www.cepc.gob.es/publicaciones/revistas/revistaselectronicas?IDR=4&IDN=1285&IDA=36307

[vii] Propuesta Dublín IV, COM(2016) 270 (arts. 34 y siguientes). Recuperado de: http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX%3A52016PC0270%2801%29

[viii] Comentario ECRE sobre la propuesta Dublin IV en la que critica la propuesta. Recuperado de: https://www.ecre.org/wp-content/uploads/2016/10/ECRE-Comments-Dublin-IV.pdf

 

Bibliografía

Arenas, N. (2017). Dublín IV y el nuevo Paquete de Asilo: Principales cuestiones de debate que plantea la reforma del sistema Dublín y el resto del paquete de Asilo. En Aula Mediterránea 2016-2017, IEMed.

Bartolomé Ruiz, C. (2014). Los refugiados, umbral ético de un nuevo derecho y una nueva política. La Revue des droits de l’homme. Revue du Centre de recherches et d’études sur les droits fondamentaux, 6.

Castles, S. (2003). Factores que hacen y deshacen las políticas migratorias. En Avances Conceptuales y Metodológicos en el Estudio de la Migración Internacional, Universidad de Princeton, 23 y 24 de mayo.

Foucault, M. (2008)​. Nacimiento de la biopolítica: Curso del Collège de France: 1978­-1979. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (1992). Genealogía del racismo. Madrid: La Piqueta.

Foucault, M. (2006)​: Seguridad, territorio, población: Curso del Collège de France: 1977-­1978. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. ­

Sassen, S. (2016). A Massive Loss of Habitat: New Drivers for Migration. Sociology of Development, 2(2), 204–233.