Alisa Petroff y Marta Pérez. @CER_Migracions ¿Cuáles son las causas de la “crisis de refugiados”? ¿Tiene sentido seguir hablando de “crisis de refugiados”?, ¿Cuáles son los retos de las políticas de asilo en el ámbito europeo y por qué los países de la UE han respondido de forma tan dispar? ¿Cuál es el papel de las ciudades en la gestión de la llegada de refugiados? ¿Cómo se configuran las políticas específicas (vivienda, salud, educación, de integración laboral) de inmigración y cómo se pueden adaptar para dar respuesta a la llegada de personas refugiadas? 


Algunas de estas cuestiones que se han debatido en la inauguración del ciclo de conferencias “D(rets) E(ducació) S(alut) T(reball): DESTinant esforços per a la integració dels refugiats”, el pasado día 4 de octubre en el marco del proyecto Palau Macaya. Los expertos invitados Blanca Garcés (CIDOB), Gemma Pinyol (GRITIM-UPF), Andrea Romano (UB), Dirk Gebhardt (GRITIM) y Francisco Collazos (Vall d'Hebron Institut de Recerca, UAB) han discutido sobre los retos sociales y políticos en la gestión de la crisis de refugiados y sus implicaciones. La inauguración fue a cargo de Sònia Parella (directora del CERM) y los 40 participantes en la conferencia (entre los cuales se encontraron los alumnos del Master Interuniversitario en Migraciones Contemporáneas) han tenido la oportunidad de participar en el debate y de enriquecerlo a través de sus preguntas.

Hablar de “crisis de refugiados” implica asumir que las causas son limitadas en el tiempo fruto de procesos que suceden en un momento determinado y que tienen un principio y un fin. Sin embargo, lo que estamos presenciando son desplazamientos forzosos motivados por causas estructurales. En primer lugar, la naturaleza de los conflictos ha cambiado. Las guerras interestatales están desapareciendo dando lugar a conflictos estructurales cuyas formas de violencia directa hacía población civil provocan desplazamientos significativos[1]. Otro factor estructural son los procesos de extractivismo depredador que provocan tierras y aguas muertas, una pérdida masiva de hábitat[2]. Como resultado, se producen desastres naturales y pobreza extrema que obligan a desplazamientos forzosos. Vinculado a esta cuestión, el cambio climático reduce todavía más la tierra habitable y se estima que 200 millones de personas migrarán forzosamente hasta el 2050. Por otro lado, las poblaciones que carecen de los recursos para emprender proyectos migratorios estarán expuestas a un mayor riesgo de conflictos violentos amplificados por la pobreza y la escasez de recursos[3].  

¿Responden las actuales políticas y sistema de asilo europeo a esta nueva realidad? No responden en la dirección de combatir las causas estructurales y siguen tratándolo como una emergencia puntual. En este sentido, cabe plantearse si no estamos asistiendo al agotamiento del mecanismo y la lógica del sistema de protección de refugiados establecidos a mediados del siglo pasado. Desde los años ’90, en el sistema diseñado por la UE priman políticas de asilo cada vez más restrictivas, ya que la externalización y la securitización de las fronteras hacen cada vez más difícil el cruce de fronteras de personas que, para pedir asilo, tienen que haber llegado previamente a territorio europeo.

Ante estos grandes retos cabe preguntarse: ¿cuáles son los motivos que dificultan una verdadera política común de asilo? En primer lugar, las personas refugiadas sopesan sus oportunidades de vida y por tanto tienen sus propias preferencias en cuanto al país de destino. Eso explica por qué entre 2008 y 2016 Alemania admitió a trámite 1.800.000 solicitudes de protección internacional, mientras que Estonia admitió sólo 800[4]. El país de entrada al territorio europeo también explica por qué los países del Sur de Europa son los que más retos tienen en la gestión de la llegada de personas refugiadas. Estos ejemplos ponen de manifiesto que los países europeos no abordan de manera homogénea al fenómeno. A esto se le añade que hay una diversidad de figuras jurídicas que pretenden amparar el derecho de refugio y esa disparidad de figuras en los distintos países también dificulta la homogeneidad en el tratamiento. Además, los trámites de la solicitud de protección y, por consiguiente, los porcentajes de aprobación o denegación del estatuto son muy diversos. Por ejemplo, en el 2016, países como Malta y Eslovaquia tenían unas tasas de aproximadamente 80% de solicitudes aprobadas, mientras que Grecia, Hungría Irlanda y Portugal tan solo un 25%[5]. Estas causas destacan que las políticas de asilo son políticas de estado y que por tanto los estados son reacios a ceder competencias a la vez que intentan hacer prevaler sus propios intereses. Si bien la UE cuenta con un paquete de instrumentos de coordinación del asilo muy desarrollado, el funcionamiento a través de Directivas “de mínimos” que satisfagan al conjunto de socios y la desconfianza entre los estados miembros van en detrimento de un sistema europeo común de asilo.

Si bien a nivel regional y estatal el panorama no es alentador ya que pone de manifiesto que más que una crisis de refugiados estamos ante una crisis de valores, de solidaridad y del propio proyecto europeo, las políticas de ciudad arrojan un rayo de esperanza. La gobernanza multinivel reduce el impacto de aproximaciones simplistas o binarias a estos problemas pues crea mayores oportunidades de participación en el proceso de toma de decisiones a más actores involucrados. Además, permite que estas políticas sean más flexibles en sus principios (por ejemplo, la sociedad civil presiona para que se desarrollen iniciativas que favorezcan la convivencia y la cohesión). Si bien los retos para las ciudades son destacables (sobre todo en clave de coordinación y presión que puedan ejercerse sobre los servicios sociales) muchas de ellas cuentan con una amplia experiencia en diseñar dispositivos para la población migrante. Estas ciudades tienen que ser ejemplos para: a) el incremento y mejora de la oferta de vivienda más allá de la acomodación colectiva y de emergencia; b) la creación de itinerarios hacia la autonomía personal y de empleo; c) la sensibilización a través de protocolos para la salud mental que  eviten psiquiatrizar a los refugiados y atenderles siguiendo la pirámide de atención psico-social.   

 

[1] Rafael Grasa (2007): Vínculos entre seguridad, paz y desarrollo: evolución de la seguridad humana Revista CIDOB d’Afers Internacionals, núm. 76 p. 9-46

[2] Saskia Sassen (2016): A Massive Loss of Habitat New Drivers for Migration, Sociology of Development, vol. 2, nº2, pp:204-233

[3] 5th Assessment Report014 of “Intergovernmental Panel on Climate Change” https://www.ipcc.ch/pdf/assessment-report/ar5/syr/SYR_AR5_FINAL_full_wcover.pdf

[4] Eurostat (2017). Asylum applicants. Annual aggregated data (rounded).  http://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/submitViewTableAction.do

[5] Eurostat (2017). First instance decisions on applications. Annual aggregated data (rounded). http://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/show.do?dataset=migr_asydcfsta&lang=en